
Plaza de España [+]
VILLANUEVA DEL FRESNO
Villanueva del Fresno es la localidad más meridional de la comarca de Olivenza y también una de las más próximas a la frontera portuguesa, teniendo sus habitantes mucha relación con sus vecinos lusos.
En el término no faltan las referencias prehistóricas, pues en el valle del Guadiana y otros enclaves se han hallado restos de dicha época, desde el paleolítico hasta el neolítico. No obstante, el más importante vestigio arqueológico es el castillo de Cuncos, situado entre el arroyo del mismo nombre y el río Guadiana. Se trata de los restos de un primitivo asentamiento islámico, cuyas construcciones, muy probablemente, se levantaron sobre los restos de otras culturas anteriores.
A pesar de la indudable presencia musulmana en Cuncos, los orígenes de la actual Villanueva del Fresno son difusos. Se sabe que a finales del siglo XIII estas tierras formaban parte del bayliato templario de Jerez de los Caballeros, hasta que la Orden se disuelve en 1312. Pasan entonces estos territorios a depender directamente de los monarcas castellanos, adquiriendo posteriormente la categoría de villa y ganándose su autonomía. Será en 1332 cuando Villanueva y su término pasen al dominio de la aristocrática familia de los Portocarrero, tan vinculada desde entonces a esta localidad.
Ya a mediados del siglo XIV estaba construida la Torre del Homenaje del castillo, que había de garantizar la defensa de la localidad y de esta parte de la frontera, pero la existencia de esta fortaleza no logrará impedir que los portugueses ataquen Villanueva en varias ocasiones. A pesar de que esos ataques fueron rechazados con éxito, casi siempre, en 1643, tras un largo asedio del ejército luso al mando de Mathías de Alburquerque, fue tomada la villa y el castillo. Este junto con el resto de la población fueron arrasados durante la Guerra de la Restauración portuguesa, en 1646. En tan mal estado quedó la villa y sus defensas que su reconstrucción no comenzaría hasta 25 años más tarde, ya cuando el acuerdo de paz entre España y Portugal había sido rubricado. Como dato curioso diremos que el caserío se construyó en la parte opuesta del cerro sobre el que se asentaba originariamente la población, y que, a semejanza de lo que sucedería en la vecina población de Cheles, buena parte de los repobladores serían portugueses.
La reconstrucción de la localidad tuvo algunas ventajas para el vecindario, pues permitió que se diseñaran calles amplias y rectas cuya trama pervive en la actualidad.
Hoy, en algunas de las principales vías del pueblo, y en especial en las calles Hilario López, Nueva, San Juanito, Portocarrero, San Ginés y Espíritu Santo (Pablo Iglesias) puede observarse la arquitectura propia del lugar, con sobrias casas de dos alturas impolutamente blanqueadas. Los ejemplos de edificios singulares de carácter netamente popular son muy abundantes, con interesantes secuencias de pulcras fachadas, salpicadas por enrejados, portales y balconadas que le dan un aire muy peculiar a la localidad. El centro social del pueblo es la hermosa Plaza de España, cerrada en dos de sus lados por los impresionantes edificios del ayuntamiento y la iglesia parroquial. Por sus notables dimensiones y por su concepción morfológica, muy abierta, es un ejemplo único en nuestra comarca. Y hablando de arquitectura popular no podemos olvidamos tampoco de las tradicionales fuentes, entre las que destacan la del Pilar del Conde, del Concejo y de la Mora.
Hablando ya de edificios monumentales diremos que de lo que fue su fortaleza apenas quedan restos. Solamente se conservan unos cuantos paramentos y restos de tapia desplomados, hoy convertidos en el marco donde se ha levantado un coqueto auditorio público. De este castillo se sabe que fue construido antes del siglo XV y que, antes de su
destrucción, acaecida dos siglos después, contaba con un potente perímetro amurallado que a su vez contenía un recinto interior con torreones de gran alzado.
La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción se levantó a finales del siglo XVII cuando comenzó la reconstrucción de la villa que ya hemos mencionado. En 1733 es objeto de una ampliación que le da sus dimensiones actuales. Se trata de un templo de tres naves, la central de mayor altura que las laterales, apareciendo todas ellas divididas en cuatro tramos conformados por arcos de medio punto, que descansan sobre pilares. Sus bóvedas son de arista en la zona central y de cañón en los lados, levantándose cúpulas sobre el crucero y las capillas laterales. El retablo mayor, de buena factura e indudables rasgos barrocos, se compone de un primer cuerpo en cuyo centro se encuentra la figura de la Virgen Inmaculada, rodeada de otras imágenes religiosas. Ya en un segundo cuerpo se ubica un valioso cuadro de Cristo crucificado. La imaginería religiosa, bien representada en las capillas laterales, cuenta con excelentes ejemplos en esta iglesia, permitiéndonos nosotros destacar una Piedad y la propia Inmaculada del retablo mayor.
En cuanto a su exterior, diremos que la portada principal es de cantería perteneciente a la antigua de Nuestra Señora de la Estrella, del pueblo derruido, que a pesar de su sencilla traza incluye ya rasgos clasicistas muy típicos del siglo XVIII. Se compone de cuatro columnas y un frontón de sobria factura, sobre el cual se abren tres ventanas que también se rematan con coquetos frontones. Rematando el conjunto encontramos una esbelta espadaña. La otra portada, en el lado de la epístola, tiene rasgos más sencillos que la principal y en ella se pueden percibir algunas influencias de la arquitectura del país vecino.
Mirando también a la Plaza de España se encuentra la ermita del Cristo de la Expiración, construida en la primera mitad del siglo XVIII. Este templo se halla embutido entre edificaciones posteriores, pero muestra una preciosa portada de piedra que resalta sobre el blanco fondo de la fachada. Dicha portada es adintelada y se corona
con un escudo de armas de la familia Canseco, donantes de la ermita, encontrándonos en la parte superior del edificio, como remate del mismo, una bonita espadaña. Su interior es de una sola nave, con magnífica bóveda de cañón, y su cabecera se cubre con una cúpula sobre pechinas que se cierra con linterna. El retablo mayor es de fábrica y se divide en dos cuerpos por columnas corintias, ubicándose en su parte inferior un Cristo Crucificado flanqueado por otras imágenes de buena factura.
Mucho más transformada se nos presenta hoy la ermita de San Antonio, actualmente convertida en Casa de la Cultura. En tiempos pasados fue Hospital del Espíritu Santo y fue uno de los edificios que en mejor estado quedaron tras la destrucción del pueblo en las guerras con Portugal, por lo que se utilizó durante muchos años como parroquia hasta que estuvo terminada la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción. En el siglo XIX fue objeto de desamortización, perdiendo definitivamente su vinculación religiosa.
Otro edificio muy representativo en Villanueva del Fresno es el propio ayuntamiento, de corte neoclásico y de gran majestuosidad. Es una edificación de dos alturas y amplias proporciones con una magnífica torre del reloj en su parte central. En la parte inferior presenta una sucesión de arcos de medio punto y en la planta alta podemos ver una equilibrada sucesión de ventanas y balcones rematados con frontón.
Aproximadamente a un kilómetro de la villa, sobre una colina, se encuentra la ermita de San Ginés de la Jara, patrón de la villa. Se trata de una sencilla construcción de mampostería con gruesos contrafuertes que aparece siempre bien encalada. En fachada presenta un pequeño atrio con arco frontal tipo carpanel, estando rematada por una sencilla espadaña con campanil. El espacio interior es abovedado. Aunque se sabe que sufrió importantes modificaciones en el siglo XVIII, hay pruebas de su existencia ya desde principios del siglo XVII. Así sabemos que fue utilizada por el estado mayor del ejército portugués durante el asedio de Villanueva en el año 1643. La ermita ha sido objeto de una reciente reconstrucción promovida por el Ayuntamiento que ha contado con el apoyo económico de ADERCO a través del programa Leader II.
Como dato curioso diremos que en las cercanías de esta ermita se encuentra la inacabada estación de tren, perteneciente al inconcluso proyecto de construcción de una línea que pretendía unir nuestra comarca con la localidad de Jerez de los Caballeros.
Abandonada desde hace décadas, la vieja vía férrea, por la que nunca circuló el ferrocarril, ofrece actualmente grandes posibilidades de aprovechamiento como ruta verde para la práctica del turismo de naturaleza.
Villanueva del Fresno ofrece también grandes oportunidades a los aficionados a la pesca, la caza, el senderismo y otras actividades al aire libre. El pequeño embalse de Cuncos ofrece magníficas posibilidades para la pesca, al igual que la rivera del Alcarrache y el embalse de Alqueva. Partiendo de Villanueva, recorriendo el camino viejo de Alconchel, podemos llegar al puente de Moncarche, construido sobre la rivera de Friegamuñoz en un paraje de impresionante belleza. La originalidad de esta obra es el acueducto que lleva adosado a un lateral y que en tiempos pasados conducía el agua desde una fuente cercana hasta el antiguo convento de Nuestra Señora de la Luz, situado al otro lado de la rivera, ya en el término municipal de Alconchel. Otra ruta interesante sería la del camino viejo de Higuera de Vargas, que atraviesa el Alcarrache por el puente de la Bogaña. Esta obra se halla en un magnífico enclave natural y tiene su origen en el siglo XVI. El puente es una bella construcción de calzada plana, realizada en mampostería, que se apoya sobre ocho arcos de medio punto con sus correspondientes espolones en los pilares, pretiles y aliviaderos.
Y es que en el municipio de Villanueva del Fresno el viajero se encontrará en una de las zonas de la región extremeña donde mejor se ha conservado nuestro medio ambiente.
En su término, el más extenso de la comarca tras el de Olivenza, la mayor parte de los campos están ocupados por dehesas donde se cría una abundante cabaña de cerdo ibérico y vacuno retinto. Además, en el municipio se emplazan dos áreas protegidas: el Corredor Ecológico y de la Biodiversidad "Río Alcarrache" y la Zona de Especial Protección para las Aves "Sierra de Jerez". El Alcarrache a su paso por el término de Villanueva del Fresno se torna más salvaje, encajonándose profundamente en los terrenos pizarrosos y serpenteando entre una tupida maraña de bosque mediterráneo, donde habitan todavía el búho real, la cigüeña negra, el gato montés y otras especies animales desaparecidas ya en la mayor parte de la Península Ibérica.
Por si todo esto fuera poco, las dehesas de Villanueva del Fresno constituyen también una de las más importantes zonas de invernada para las grullas en España. En torno a dos millares de estas aves acuden cada año desde el norte de Europa para pasar el invierno alimentándose de las abundantes bellotas que producen nuestras encinas. Junto al embalse de Cuncos, en las casas de Arenosa, Rabito y San Amador existen observatorios desde donde se pueden contemplar la llegada de los bandos con su característica formación en "V", los tradicionales cortejos nupciales de las avutardas o una gran diversidad de especies acuáticas, como los patos, porrones, zampullines, garzas, etc. Tampoco deben olvidarse otros interesantes enclaves como la rivera del Godolid, afluente del Alcarrache, los campos comunales de Villanueva o el "Guadiana Internacional", catalogado como LIC (Lugar de Importancia Comunitaria), con bellas panorámicas de la gran lámina de agua en que lo ha convertido la presa de Alqueva, generándose grandes posibilidades para la pesca, el piragüismo y todo tipo de actividades acuáticas.
En diferentes establecimientos de la localidad el visitante podrá degustar los platos y tapas propios de la zona, en los que son inevitables los derivados del cerdo ibérico, la caldereta o su rica repostería, con exponentes muy apreciados como los prestines, perrunillas o bollos de chicharrón. También los amantes de la micología pueden disfrutar de su afición en los campos de Villanueva del Fresno, recolectándose una gran diversidad de setas comestibles, como los parasoles, champiñones silvestres, gurumelos o el exquisito boletus edulis.
En cuanto a las artesanias tradicionales mencionaremos especialmente la de la marroquinería, elaborándose todo tipo de artículos de cuero, entre los que destacan los botos camperos y los artísticos zahones.
Entre sus fiestas más destacadas se encuentra la romería de San Ginés de la Jara, en la que numerosos vecinos de Villanueva del Fresno, así como de otras localidades cercanas de España y Portugal, pasan este día en el campo, en torno a la ermita de San Ginés, para celebrar la festividad de su patrón. A finales de agosto tienen lugar las fiestas patronales y el 14 de septiembre las fiestas del Cristo de la Expiración, convirtiéndose también en fechas señaladas para dar rienda suelta a la alegría de los vecinos de la villa.
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